jueves, 7 de diciembre de 2006

Los dientes de Tiburón

Los dientes de tiburón

Cuatro mil en un minuto,
cinco millones por día,
dos mil millones por año,
diez mil millones en cinco,
por cada mil que se van
en la tierra queda un muerto
a mil dólares por muerto
cuatro veces por minuto está la vida.

Nunca han salido baratos
los dientes de tiburón,
quizás esto sea una causa,
quizás sea una razón.


El asunto no es quererse,
comer el mundo de un golpe,
el asunto es ver en cuantos
pedazos hay que partirlo,
organizar la comida
a niveles de guerrilla
y nosotros tener siempre
un compañero atento
en la tintorería.

Cada plato de la mesa
debe usarlo un comensal,
no debe quedarse un sitio
sin su boca en su lugar.
En grandes y chicas cenas
nos comeremos al mundo,
no hay vanguardia sin espalda,
no hay ejercito eficaz
sin retaguardia.

Emilia

Emilia

Emilia, tus ruinas
las leí con buena voz,
tienen puertas como tú.
Qué ridículas mis cartas,
qué ridículas las sombras de mis sueños.
Qué bien te recuerdo llorando.

Emilia, has ido
junto con cada canción,
escondida en un baúl
como un signo inevitable,
y hay anécdotas tirándome del ceño.
Qué bien te recuerdo llorando.

Qué dirá tu instinto
cuando sienta esta canción
y qué dirás tú, que te acercas
a la máxima distancia entre nosotros.
Quién conoce que un soldado
moribundo te cantaba,
que hubo olores de una selva,
que había cisnes, que llovía.

Vallejo así nos descubrió,
Byron estaba en su lugar.
Todo pasaba con nosotros.

Emilia, que horriblemente
hermoso era aquel tiempo.

Emilia, ¿qué pasa?
¿Cuál resaca nos llevó
al silencio, a recordar?
Algún viento nos ha dado
y en sus puntas discutimos con la muerte.
Que no te sorprenda llorando,
Emilia.
[Que no te convenza llorando,
Emilia.]


(1969)